sábado, 21 de diciembre de 2013

104

Gustavo abre la puerta. Encuentra a todos  en los sillones del living. Martina, cucharita en mano, come el NutelaDespués no vas a cenar la reta Gustavo. Me lo trajo el tío se disculpa la nena engullendo otro bocado. Y a mí, un juego para la play comunica Nacho. Lacán, acostado en el sofá, la cabeza en la falda de Santiago, no da señales de vida. Le dije a Juana que se fuera informa Santiago ya me dio las instrucciones para calentar la comida, hace añares que no como pastel. Minutos después, los cuatro comparten la mesa. Gustavo observa al trío. Nacho comenta animadamente un partido de fútbol. Martina intenta meter baza. Mami me dijo que este día de la madre ella haría los regalos y que me compró algo que me va a dar cuando vuelva. Gustavo percibe un agujero interior. Tengo todo menos a ella, piensa y por primera vez en un mes, la necesidad de Cecilia lo atraviesa, lacerándolo. Pa, no sabés lo que fue ese golazo lo convoca Nacho. Él intenta sonreír y con el pretexto de buscar bebida se dirige a la cocina. Se moja la cara en la pileta. Se está secando con el repasador cuando aparece su amigo. Che, qué te pasa, que tenés esa cara. Después te cuento contesta él abriendo la heladera.

Una lucha conseguir que los chicos  se acostaran. Gustavo prepara café mientras Santiago les da el último beso. Vas a ser un buen padre pronostica Gustavo cuando su amigo aparece en la cocina. Es fácil por un ratito; meritorio es lo tuyo Santiago se lleva la mano a la cabeza. Chapeaux dice. Gustavo sirve las tazas y cierra la puerta. ¿Me vas a contar qué te pasa? insiste Santiago. Salí con una mina. ¡Epa!, esa sí que no me la esperaba. Me encamé informa. Detalles, quiero detalles exige Santiago. Gustavo sonríe mientras se deja caer sobre la silla. Nada dice. ¿Qué?, ¿no se te paró? pregunta, preocupado. No te asustes, actué con eficacia; pero no me representó nada; aunque parezca absurdo, me acercó a Cecilia. ¿Supiste algo de ella? El domingo estuvo charlando un rato largo con los chicos por Skype; tanto me insistieron que tuve que acercarme; no la había visto todavía; resplandecía; pero yo estaba tan enojado que no me jodió. Y ahora se te fue la bronca. Soy un pelotudo admite Gustavo ¿querés otro café? ofrece. Dale contesta Santiago te salió rico; estás hecho todo un amo de casa. El celular de Gustavo suena. Natalia. ¿Estás ocupado? lee. Charlando en casa con un amigo contesta. Llamame cuando puedas, te extraño. Levanta la vista del aparato y se encuentra con la sonrisa burlona de Santiago. ¿Se puede saber de qué te reís? pregunta Gustavo. Ya te tiene marcando el paso; todas las minas son iguales.



Gustavo baja a abrirle a Santiago. Cuando regresa termina de sacar la mesa, acomoda los platos en la pileta y se ducha. Ya en la cama escribe Recién se va mi amigo. Mañana tengo un día fatal pero si querés podemos encontrarnos al mediodía a comer una pavada. Besos muchos. Al apagar la luz se le impone el rostro de Cecilia. La puta que la parió.

jueves, 19 de diciembre de 2013

103

Usted sí que conoce a las mujeres dice Gustavo ya sentado frente a Ana María. ¿A qué se refiere? Ella supo conducirme admite él, sonriente. ¿Cuál fue la ruta? El miércoles pasado a un restaurante y este, a su cama. A alta velocidad, por lo visto, ¿fue duro ser copiloto? Fue extraño, diría yo: es raro sentirme deseado, asediado; me casé tan joven que para mí el sexo siempre estuvo ligado al amor, por detrás de él, en realidad; es una experiencia novedosa que mis sentidos se deslicen independientemente de mis sentimientos; hoy Daniela me estuvo contando del sexo con su marido, lo puntualizó como ¨casto¨; me atravesó lo que dijo, aunque no calificaría de casto al sexo entre Cecilia y yo, sobre todo al principio; no sé cómo explicárselo, quizás como integral, sí define sonriendo sistémico; era una parte más de un todo; llegábamos a las sábanas con los débitos y los réditos de la jornada; apaciguados si los chicos habían tenido fiebre; briosos si nos habían aumentado el sueldo; tensos si habíamos discutido; oliendo al mismo jabón; idéntica crema de enjuague desprendiéndose de nuestros piyamas; la traba de la puerta intentaba vanamente dejar el resto de nuestra vida por detrás; una tos, un llanto era capaz de frenar el más desaforado orgasmo; no me quejo, era hermoso hacer el amor así, era auténtico dice con gesto enfático, auténtico, al fin encontró la palabra. ¿Y cuándo dejó de serlo? Para mí, nunca, Cecilia es la que desvalorizó nuestros encuentros; a mí me gusta hacer el amor con ella, siempre me gustó; es una hermosa mujer, con un cuerpo increíble que salió indemne de los embarazos; se dan vuelta para mirarla; y yo la perdí la voz de Gustavo se quiebra, se agarra la cabeza no sé por qué me dejó el llanto ya es franco no puedo vivir sin ella, perdóneme el papelón dice tratando de serenarse. Llore, Gustavo, llore lo que todavía no lloro. Largos minutos después, el llanto de Gustavo se va extinguiendo. Cuando lo ve tranquilo, Ana María indica es todo por hoy. Gustavo mira el reloj. Todavía es temprano le avisa. Seguimos la próxima ratifica ella. Gustavo, sorprendido, se incorpora.


Manejando, Gustavo llora. Estoy desconsolado, piensa, detenido ante un semáforo. El celular lo asusta.  ¿Cómo te fue en sesión?  pregunta Natalia. Bien escribe mañana te llamo. Mi mundo es Cecilia, determina, mi falta de Cecilia. De nuevo el celular. Lo mira, fastidiado. ¡El tío me trajo Nutela!  Entre lágrimas, al fin sonríe.

102

Daniela entra radiante, las mejillas sonrosadas. Arrebolada, define Gustavo. ¿Sabe cuál fue el regalo del día de la madre? comienza la sesión. Él, sonriendo, niega con la cabeza. Lucas me dijo mamá informa, se echa el cabello hacia atrás y continúa me contó Ariel que hace semanas que vienen practicando, en el auto de papá, cuando lo lleva a la sicóloga; él le puso el paquete entre las manos y el nene vino caminando, todo durito y me lo entregó; Ariel, mirándolo, le dijo ¨feliz día mamᨠy Luquitas, los ojos en los labios del padre, repitió ¨mamá¨. Gustavo necesita tragar saliva. No lo podía creer, todavía no puedo creerlo; no solo que mi hijo haya podido decir una palabra sino que el padre se la haya enseñado se le llenan los ojos de lágrimas cada vez que pienso en eso me conmuevo  Gustavo le tiende la caja de pañuelos perdóneme, ya debe estar aburrido de mis lágrimas; pero si usted tiene carilinas debe ser porque no soy yo la única que llora. Desde luego que no comenta Gustavo y no necesitás disculparte, celebro tus lágrimas, ellas te permiten expresar tus emociones. Lo mejor de venir acá es que ante usted puedo desarmarme. Es muy interesante lo que decís; en ciertas oportunidades moviendo una pieza equivocada puede  lograrse que un rompecabezas recupere la armonía original. Daniela busca una pastilla en su bolsillo y se la coloca en la boca. A veces se me seca la garganta explica. ¿A veces cuándo? Daniela se queda reflexionando. Cuando estoy mucho en lo que digo concluye y rápidamente añade Lucas está mejor; hace menos berrinches, más allá del ¨mamᨠsonríe con dulzura parece que está intentando empezar a comunicarse; ayer me tomó de la mano y me llevó hasta la heladera; antes solo lloraba y me correspondía a mí decodificarlo. Parece que la apertura de tu hijo hacia la comunicación impulsa la tuya. ¿Por qué lo dice? Por como te expresás hoy. Daniela se queda mirando a través de la ventana un largo rato. ¿En qué pensás? pregunta Gustavo. Nunca se lo comenté dice bajando la vista pero desde que comenzaron los problemas con el nene perdí todo deseo sexual; al principio Ariel insistía pero hace unos días me di cuenta de que ya ni lo intenta. ¿Y cuándo reparaste en ello? La otra noche; después de mucho tiempo me sentí excitada las mejillas se le colorean pensé que si se acercaba lo iba a aceptar; pero no se acercó; y a la noche siguiente tampoco. ¿Intentaste tomar la iniciativa?  Daniela parece sorprendida no, en nuestra pareja no funciona así. ¿Y quién puso las reglas? Ella se encoge de hombros. Nadie, así se fue dando. Si no hay un estatuto que lo prohíba dice él sonriendo nada impide que puedas modificarlas. Se me pasó por la cabeza que pueda andar con otra mujer. ¿Le comentaste algo? ¡No!, ahora que está mejor con el nene, no quiero provocar nada que pueda alterarlo. Me gustaría que me contaras cómo se han relacionado sexualmente desde que conformaron la pareja. Nunca tuvimos problemas al respecto cuenta ella aunque tampoco fue el centro del vínculo; yo diría que nuestros encuentros han sido castos. Curioso adjetivo asociado al sexo; ¿Ariel fue el promotor de ese tipo de relación? ¡No!, fui yo admite ella pero él siempre me respetó, a mí no me gustan las cosas raras. Y en los últimos meses no te gustaron ni siquiera las cosas castas. No se ría de mí dice ella me da mucha vergüenza hablar de esto. Quizá consideraste que no estaba bien que una madre preocupada por su hijo disfrutara sexualmente. Puede ser  admite ella. Tal vez ahora, que sentís que tu hijo va progresando te das permiso para gozar. Sí, pero ahora Ariel no quiere. ¿Qué podría pasar si fueras vos la que tomara la iniciativa?  Daniela se queda mirándolo. Se sorprendería mucho. ¿Se disgustaría? No, qué va dice ella sonriendo. Gustavo se incorpora. Dejemos acá indica.


No me comuniqué con los chicos, descubre Gustavo en cuanto despide a Daniela. No pensé en ellos, se rectifica. Se dirige, apurado, hacia el teléfono. Hola, princesita, ¿cómo estás? ¡Enojada porque no me llamaste! Pero te estoy llamando ahora; tuve mucho trabajo. Me imagino que hoy venís, ¿no? ¿Y por qué no habría de ir? ¡El miércoles pasado no viniste!  Aprendiz de bruja, la mocosa. Habrá un invitado sorpresa esta noche. ¡¿Mami?!  A Gustavo se le estruja el alma. No, corazón, mami está trabajando en Chile, va a ir el tío Santiago, ¿Le pediste que me traiga Nutela? ¡Cómo le voy a pedir! No importa, seguro que igual me trae; ahora le aviso a Juana que ponga otro plato.  Gustavo descubre que también se olvidó de avisarle a Juana. Imagina su malhumor. Decile a Juana que no se preocupe, que yo compro cualquier cosa. No, papi, está cocinando pastel de papas y eso, ¿sabés?, rinde. Corta con una sonrisa. Adorable la chiquilina. Tercer descubrimiento de la noche: no preguntó por Nacho. Va a volver a llamar cuando controla el reloj. Sale corriendo. Llegará tarde.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

101

No sé cómo no se me había ocurrido antes capitalizar mi experiencia con el Autocad comenta Raúl luego de atribuir al tránsito los minutos de demora. Quizá porque pensás más en las cosas que no sabés hacer que en las que sí.  Ya me hice una página web, mi hijo mayor me ayudó; averigüé por aranceles potables sonríe con frescura hoy a la mañana recibí las primeras dos consultas, uno parece que prendió, ni que hubiera recibido dos cheques por diez mil dólares, me puse tan contento; ¿te parezco un pelotudo?, ¿no?; cincuenta años y entusiasmado como un pibe con un juguete nuevo. Me parecés un hombre con un proyecto indica Gustavo. Hace rato que no tenía más proyecto que odiar a mi viejo reconoce Raúl un odio que, como un veneno, me va quitando las fuerzas. Tal vez llegó el momento de que empieces a actuar no en contra de tu padre sino a favor tuyo. El domingo nos reunimos por el día de la madre; se lo comenté a mi viejo, ¿qué te parece que me dijo el rey de Textilandia? Gustavo se pone alerta, de ninguna manera va a permitir que, otra vez, le socave la autonomía. Arriesga algo propone Raúl, sonriendo. Lo mío no es la adivinación dice Gustavo levantando las palmas. Que era una buena idea; por una vez en la vida mi viejo me dio el okey; ¿estará tramando algo?; me ofreció alguna de sus múltiples oficinas para dar los cursos Gustavo levanta las cejas no, no te alarmes, le dije que en casa me arreglaré perfectamente.  ¿Lisa qué opina? Que mientras no exija una inversión todo va bien; dice que no tengo nada por perder y que sería bárbaro que pudiera enseñar algo que siempre me gustó tanto; ¿sabés?, estuve a punto de ofrecerle a Sebastián unos pesos para manejarme la página, pero después decidí que mejor no contaminar la relación; algo se aprende de la experiencia propia. Gustavo lo mira sonriendo. Hoy estoy de más, piensa. Además mi amigo me aceptó el presupuesto para arreglarle la casa; ¿qué te pasa que estás mudo? pregunta Raúl como si le hubiera leído la mente. Solo satisfecho de escucharte. Raúl lanza una carcajada. Luego mira el reloj me tengo que ir un rato antes, cité al técnico de la compu a las seis, después no podía; necesito agregarle memoria. Gustavo se incorpora. No te podrás quejar, hoy no te di trabajo dice Raúl. Gustavo le tiende la mano.  Raúl se la estrecha con fuerza. Gracias por el empujón dice.

Apoyado en la puerta que acaba de cerrar Gustavo sigue sonriendo. Orgulloso. Estoy haciendo un buen trabajo, se dice. Recuerda cuánto lo irritaba Raúl. Le encontré la mano, decide. Muy orgulloso está. El poder de Grayskull. Disfruta pensando los logros que podrá contarle a Natalia. Pensar en ella le produce una ligera excitación. Va al baño y orina.

lunes, 16 de diciembre de 2013

99

Valeria no pudo venir explica Francisco mientras se sienta tuvo que ir a buscar a  nuestro hijito menor al jardín porque estaba vomitando. Pero viniste vos aclara Camilo. ¿Hay algo que le quieras decir a tu papá? pregunta Gustavo. Luego de unos segundos el chico dice ya hablamos de lo que yo quería decirle, preguntale a él si no hay algo que quiera contarme. Gustavo, entonces, se dirige a Francisco. ¿Hay algo que quieras decirle a tu hijo? ¿Por qué me lo preguntás? inquiere Francisco, apretándose los nudillos. Gustavo calla.  Dale, papá, no te hagas el tonto se burla Camilo. No sé a qué te referís. ¿De qué cosa azul nos tenemos que enterar? El rostro de Francisco se transfigura. Cierra los ojos. Después de unos segundos Gustavo le pregunta  ¿te sentís bien? mientras le sirve un vaso de agua. Francisco bebe. No me contestaste insiste Camilo. Quizá tu papá prefiere hablar con vos a solas; ¿quieren que salga un ratito? propone Gustavo. Si te vas, no me lo va a contar plantea el chico.  No se puede obligar a nadie a hablar le aclara Gustavo. Está bien desestima Francisco en algún momento se lo tengo que decir gira en el diván, inspira hondo y enfrenta a Camilo Azul es mi hijita. Gustavo, desconcertado, observa a Camilo, cuyos ojos adquieren un tamaño descomunal. ¡¿Qué?!  exclama el chico. Tiene un año y vive en Rosario con su mamá agrega Francisco bajando la mirada. ¡No puede ser! dice Camilo pero luego de un rato comenta claro, por eso viajás tanto a Rosario, no por el trabajo; vos mentís, siempre mentís; ¡nunca más voy a creerte!  Gustavo retira la vista del chico y la dirige al padre. Está pálido, tiembla mientras dice por eso no quise decírtelo, porque sabía que no lo ibas a aceptar. ¿Por qué tuviste otra hija? Camilo está furioso ¿no te alcanzaba con nosotros tres?, ¿no te alcanzaba con mamá que buscaste otra mujer?; sos una basura. Gustavo no sabe cómo manejar la situación. Me excede, evalúa. Me parece, Camilo, que deberías darle a tu papá la posibilidad de que se explique. Francisco le oprime el brazo pero el chico lo rechaza. Hijo balbucea Francisco  cuando mamá se fue a Estados Unidos a cuidar a tu tía, me quedé solo por un mes, pasarán muchos años antes de que puedas comprenderlo, pero es muy difícil para un hombre estar solo durante un mes. Gustavo piensa en Cecilia, piensa en Natalia. Conocí a una mujer continúa Francisco y pasó lo que no tendría que haber pasado; luego quedó embarazada y, aunque no la planeé ni la deseé, nació Azul y yo no pude abandonarla porque también es mi hija; tu mamá sufrió mucho pero finalmente lo entendió; hace un año que estoy buscando el momento apropiado para contártelo. ¡Sos un mentiroso!, ¡nunca te voy a perdonar!   Francisco cierra los ojos, apoya la nuca en el respaldo. Gustavo busca, desesperadamente, un recurso. Que tu papá haya decidido que no era la situación adecuada para contarte lo de Azul no lo convierte en un mentiroso. Francisco se endereza, traga saliva. Estabas en medio de las dos operaciones, hijo, ¿cómo podía proporcionarte otro dolor?, y no me equivoqué al ocultártelo, porque evidentemente no estabas preparado para recibir la noticia. Camilo, mirame pide Gustavo los padres no somos dioses y cuando repara en el plural ya es tarde somos seres humanos, y, como tales, pasibles de equivocarnos; ¿qué es lo que decís que nunca le perdonarás a tu papá? ¡Que me haya mentido! Pero ahora te está diciendo la verdad; una verdad que vos reclamaste pero que no estás pudiendo aceptar; ¿no le podés perdonar que te haya mentido o no podés perdonarlo por  Azul? ¡La nena no tiene la culpa!  dice Camilo y al instante las lágrimas empiezan a deslizarse por sus mejillas. ¿Cómo es? pregunta un rato después, la cara ya empapada. Muy parecida a Tobi, pero rubiecita. Como yo dice el chico, se pasa las manos por las mejillas y pregunta ¿mamá la conoce? Francisco asiente ¿querés a la nena?  Francisco vuelve a asentir ¿ccmo a nosotros? Francisco busca la mirada de Gustavo que baja levemente el mentón.  admite el hombre es mi hija y tiende un pañuelo de tela que el chico acepta. Entonces es mi hermana  dice Camilo mirando a Gustavo, que asiente con la cabeza. Los ojos del chico enfrentan ahora al padre. Y si es mi hermana quiero conocerla. Francisco, como tocado por un rayo, se cubre la cara con las manos y estalla en sollozos. Camilo apoya la mano sobre la cabeza de su padre. Ya va a estar todo bien, pa dice.


Gustavo se apoya sobre la puerta y cierra los ojos. Le duele todo. Extraña la sensación de haber estado dentro de Camilo y de Francisco al mismo tiempo. Va hasta la cocina y se calienta un café. ¿Cómo reaccionará Nacho cuando Cecilia le cuente de su amante? Se sorprende y se alarma: no pensó el potencial reaccionaría si no el rotundo futuro reacionará. Futuro imperfecto, si mal no recuerda. Prueba el café. Le agrega más azúcar. Acude la frase de su abuela: para amarga, la vida.

viernes, 13 de diciembre de 2013

98

Se encuentra con Laura, cuando está abriendo la puerta de calle. Él odia llegar sobre la hora; está agitado. Suben juntos hablando del tránsito.  Nos reunimos el domingo relata Laura ya sentada yo amanecí muy triste, discutí  con Luis por el pan que había comprado y me puse a llorar. Como ella permanece en silencio, Gustavo le pregunta ¿por qué se sentía mal?  Laura se echa el cabello hacia atrás.  No sé contesta pero después me puse bien. Tratemos de pensar qué la puso mal antes y qué modificó luego su estado anímico. Ella se encoge de hombros. Está usted para entenderme, yo ya renuncié dice sonriendo. Vamos por partes enuncia Gustavo la otra sesión comentó que sentía que el hecho de que el festejo del día de la madre fuera en lo de su hija era una señal de que ella avanzaba sobre usted Laura cabecea también dijo que tenía miedo de ver a Federico porque le costaba reconocer que ya es un hombre y, por último Gustavo se interrumpe hasta que ella lo mira  este es el primer día de la madre en que falta su hermano, quien, de alguna manera, fue una suerte de hijo para usted. Cuando estoy aquí siento que mi piel deja de protegerme y me vuelvo transparente. Gustavo recuerda las palabras de María Inés frente a las estrellas de su sueño. Ahora le toca a usted analizar por qué logró transformar su desazón. Laura se reacomoda, cruza las piernas. Cuando entré a lo de María, me emocioné; armó la mesa de pingpong; compró una tela y la cubrió; un centro precioso de flores; ocho lugares; increíble que nuestra familia haya crecido tanto: Federico vino a saludarme, no recuerdo cuándo fue la última vez que me abrazó así; en el momento de despedirnos le pregunté cuándo tenía un ratito para que nos encontráramos; prometió que me llamaría; dudo mucho de que eso ocurra pero al menos no me dijo, como otras veces, directamente que no. Gustavo sonríe.  Veo que ha tenido un buen día de la madre. Sí admite ella  pero cuando regresé a casa me puse a ver fotos de mi hermano, todavía no lo había hecho y me agarró un ataque de llanto; Luis vino, me abrazo y me mandó a la cama con un té. Todo estuvo bien aclara Gustavo hasta las lágrimas por su hermano; el peor duelo es el que se niega; seguiremos trabajando en el tema. Laura de repente se pone muy seria ¿nunca me va a liberar? Gustavo, sorprendido, contesta en el momento en que usted considere que ya no me necesita. ¡Me parece que falta bastante! dice ella, dulcificando el rostro.


Gustavo se acuesta en el diván. No puede creer lo que pasó. Me acosté con otra mujer, piensa. Quince años buceando en el cuerpo de Cecilia y ahora, de la nada, enredado en otras piernas. No es la única capaz de proporcionarme placer, piensa. ¿Cuánto hacía que no se sentía deseado por una mujer?, ¿cuánto que no era él quién tomaba la iniciativa? Descubre que Cecilia tenía razón: hacía mucho que no eran amantes. ¿Cómo no se dio cuenta de que Cecilia ya no era la mujer ardiente de antes?, ¿cuándo dejó de serlo? El timbre lo asusta. Se incorpora como un resorte. Alisa el diván.

jueves, 12 de diciembre de 2013

97

Miércoles 24
Nacho está bajando del auto cuando se agarra la cabeza con las manos. ¡Si seré boludo! ¿Qué pasó? pregunta Gustavo mirando por el espejo retrovisor.  ¡Me dejé el trabajo de geografía sobre la mesa de la cocina!; me van a poner un uno y tengo que levantar nota. Gustavo mira el reloj, la puta madre en un rato te lo traigo ofrece. Nacho lo mira, atónito. ¿De veras, pa? En el primer semáforo Gustavo busca el celular.  Retrasado media hora escribe.  Estaciona el auto sobre Cabildo, pone las luces de emergencia y le pide al portero que se lo mire. En la cocina encuentra a Juana lavando las tazas del desayuno y a Lacán muy concentrado comiendo, pero no al trabajo. Lo llevé al dormitorio de Nachito, está sobre el escritorio informa ella.  Sale corriendo. En el ascensor descubre que está transpirado. ¡Maldición! dice en voz alta. Al salir encuentra una infracción por mal estacionamiento pero no al portero. Puteando sube al auto, qué tiene en la cabeza el pendejo. Llega al colegio, estaciona sobre la raya amarilla de la entrada y toca el timbre.  Un hombre le pregunta en qué segundo está el chico. Gustavo no lo sabe. Su cara de desesperación es tan elocuente que el hombre se compromete a entregar el trabajo.  Gustavo se deja caer sobre el asiento del coche, las manos húmedas. Suena el celular. No, San, hoy no puedo, después te explicó con su única neurona sobreviviente propone  ¿por qué no te venís a cenar así ves a los chicos? Arranca bruscamente, maneja por Cabildo y luego por Santa Fe. Dobla por Coronel Díaz. Da un par de vueltas buscando un hueco para el auto pero luego decide que ya fue demasiado estrés por ese día y opta por una playa de estacionamiento.  Antes de salir del coche se pasa un pañuelo por la frente. Busca desodorante en la guantera. Se acomoda el cabello con las manos y baja.

Natalia baja a abrirle. Sin cartera, registra Gustavo. Lo besa en la mejilla. ¿Desayunamos en casa? propone cuando volvía de llevar al nene al colegio compré medialunas. Cuánta razón tenía Ana María, solo es cuestión de dejarse conducir. Mientras suben en el ascensor, con un hombre gordísimo, Gustavo la observa con atención. Pollera corta, tacos altos, los labios pintados.  Como marcando el centro de un tiro al blanco. Porque sabe que allí aterrizará, más tarde o más temprano, su propia boca. ¿Me gusta?, se pregunta. Es una linda mina, intenta ser objetivo. Mientras Natalia gira para abrir la puerta, él baja la mirada. Piernas de diez. Gustavo apaga el celular. Está ligeramente excitado.


 Muebles negros, profusión de adornos dorados, cortinados pesados.  La mesa puesta con esmero para el desayuno. A Gustavo le enternece el ramito de jazmines entre ambas tazas. Cómo no le traje flores, se reta. Recuerda la conversación con Camilo. O un chocolate, o bombones. La culpa la tiene Nacho, se justifica. ¿Me ayudás? lo convoca ella.  Él va hacia la cocina, reluciente y blanca. Ella le señala el plato con las facturas mientras lleva hacia el comedor la cafetera y la lechera de porcelana.  Se ubican alrededor de la mesa. Él le pregunta por sus pacientes. Ella se explaya, entusiasmada. ¿Regresaron los padres de Camilo? averigua Natalia.  No volví a tener consultorio desde que nos vimos informa él.  Cierto dice ella solo los miércoles, sesión; ¿querés más café? ofrece.  Él niega y ella se incorpora para levantar la mesa. Él la ayuda. Qué absurdo, piensa, compartiendo tareas domésticas. Natalia deja todo en la pileta y propone mejor nos sentamos en el living y lo guía hacia el sillón de tres cuerpos. Ya ubicados, ella lo mira. Su sonrisa es una ofrenda, piensa Gustavo que se inclina hacia ella y la besa en los labios. Natalia, los ojos cerrados, abre la boca. Él se sumerge en ella. Sus manos abriendo botones, bajando cierres. Minutos después ella, sosteniéndose la blusa entreabierta, lo conduce al dormitorio. Él la sigue, el pantalón delatando su rotunda erección.